Violencia sexual

 

¿Qué es y cómo se genera la violencia sexual?

Es una violencia sexual contra una o varias personas que, de manera agresiva, les niega la libre disposición de su cuerpo y que implica dominación y poder sobre ella al provocarle no sólo alteraciones físicas, sino emocionales.
- Puede generarse en cualquier sitio, como en el trabajo, la escuela, la casa, la vía publica, el transporte público, en espacios abiertos o cerrados.
- Se puede manifestar como la imposición de una relación sexual no deseada, de posturas, gestos, actos, formas de vestir, hasta abuso y violación, con uso de la fuerza o sin ella.
- También puede ser verbal: insultos y acusaciones, o ejercida mediante actos como la venganza, el chantaje o las amenazas.
- Las personas que la ejercen pueden ser desconocidas, pero también las personas más cercanas: familiares, amigos, novios, esposos, etc.
- La violencia sexual puede manifestarse como hostigamiento, abuso sexual, incesto, rapto con fines sexuales, explotación, prostitución obligada, exposición indeseada a la pornografía, entre muchas formas más de actos violentos contra tu voluntad.


¿A quién le sucede la violación?

Para muchas mujeres, la violencia sexual comienza en la infancia y adolescencia y puede tener lugar en una gran variedad de contextos incluyendo el hogar, la escuela y la comunidad. Estudios realizados en diversos lugares como Camerún, el Caribe, Perú, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Tanzania muestran altas tasas de denuncias de iniciación sexual forzada. Diferentes estudios han revelado una oscilación entre el 7,4% y el 46% de mujeres adolescentes y entre el 3,6% y el 20% de hombres adolescentes que han denunciado haber sufrido coacción sexual por parte de miembros de su familia, novios, profesores, Sacerdotes o extraños.

Las Consecuencias


La violencia sexual tiene consecuencias significativas para la salud, incluyendo el suicidio, síndrome de estrés postraumático, otras enfermedades mentales, embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, VIH/SIDA, lesiones autoinflingidas y, en el caso de abuso sexual de menores, adopción de conductas de alto riesgo como tener múltiples parejas sexuales y consumir drogas.

 

 

¿Qué es, porqué persiste, que hago yo?

Pese a que en las últimas tres décadas ha aumentado el enfoque en la violencia contra las mujeres, la violación y sus víctimas permanecen ocultas bajo las sombras de mitos y tabúes. ¡Descúbrelos y enfréntalos!
Las discusiones sobre la violencia contra las mujeres, sea que tengan lugar en las aulas, los medios de comunicación, los grupos en las iglesias o en foros públicos, tienden a centrarse en la violencia doméstica. Los puñetazos y las patadas de la violencia doméstica son más rápidamente moldeados dentro de una discusión neutral al género sobre la violencia en general. La violación, sin embargo, no se fusiona con facilidad con ninguna otra experiencia humana. Una vez desprovista de mitos y tabúes, la violación expone crudamente, y en términos que no dejan lugar a dudas, la violenta opresión de hombres contra las mujeres (*vínculo a texto de Bonino “Micromachismos”). Aún es muy fuerte la resistencia a discutir este asunto.
En la última década, la atención de los medios de comunicación a los casos de violación de elevado perfil ha servido para reforzar viejos mitos en lugar de iluminar el tema. En el caso de la violación cometida por William Kennedy Smith se adoptó la consigna de “la violación es una acusación fácil de hacer y difícil de probar”. El caso de la violación perpetrada por Mike Tyson se fue sustancialmente por la vía de los estereotipos racistas acerca del hombre violador de raza negra. La cobertura sobre la violencia sexual de las niñas del Caso Succar Kuri se centró en los peligros frente a extraños, insistiendo en la necesidad de protecciones patriarcales en el hogar.
Hace casi 30 años, Susan Brownmiller enfocó estos mitos y negaciones en su trascendental análisis de la violación, «Contra nuestra voluntad». Sin duda alguna, ha habido avances desde entonces. Actualmente, por ejemplo, a diferencia de antes ya no se dice que las mujeres disfrutan la violación. Y si una víctima de violación se esfuerza lo suficiente, puede encontrar apoyo. Aun así, actualmente, la inmensa mayoría de víctimas de violación en  México todavía no reporta el crimen por temor al muy real aislamiento, a la culpabilización de las víctimas y al estigma de la violación que permanecen vigentes.
La periodista Sanjuana Martinez publicó el valiente reportaje “El manto púrpura”  en el que la jerarquía de la iglesia católica fue expuesta en un masivo encubrimiento de las violaciones sexuales cometidas por sacerdotes contra niñas, niños y parroquianos bajo su cuidado en Puebla y otros estados de la República Mexicana y de los Estados Unidos.
Quizás las revelaciones mismas deberían despertarnos alguna fe en los progresos. Pero no se trata de avances tan suficientemente significativos que representen justicia para las víctimas. Y menos aún son tan suficientes que prevengan la plaga de violaciones que continúa restringiendo la libertad y las vidas de las mujeres.
¡Es hora de hablar sobre la violación!
Cada vez que se discuten los temas de violencia e inseguridad, caemos en lugares comunes como “es la falta de valores” o “es que esos violadores están enfermos”, peor aun “, es que está en la naturaleza masculina, ella lo provocó”. En realidad el cambio que necesitamos es cultural y parte de la  congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos. En la educación y la congruencia  está la clave
A continuación proporcionamos un cuestionario que esperamos te ayude a facilitar las discusiones sobre este tema y a desafiar a los mitos. Después de leerlo, pásalo a docentes, consejeras/os y clérigos.
Al utilizar este cuestionario, hemos observado los mejores resultados cuando se divide al grupo en subgrupos de tres o cuatro personas cada uno. Los subgrupos discuten las preguntas entre sí durante algunos minutos. Luego, una persona de cada subgrupo funge como relatora y reporta las respuestas de su grupo a los demás. Esta dinámica promueve una variedad de respuestas bien pensadas.
Da Click AQUI para ir al cuestionario.

 

Prevención de la violencia sexual

Las respuestas para prevenir o responder a la violencia sexual están en manos de toda la sociedad. El principal móvil de la violencia es la dominación de una persona a otra, una dominación culturalmente aceptada por siglos. El primer paso para la real prevención es señalar a los agresores sexuales, nunca justificar la violación  (bajo ningún pretexto). Hacer saber a las víctimas de violación que ellas o ellos no son culpables.


Según el Informe mundial sobre la violencia y la salud, entre las estrategias prometedoras a nivel individual o de la relación, se encuentran los programas de formación sobre promoción de la salud sexual y reproductiva que incluyen educación  de género y prevención de la violencia contra la mujer, además de los programas en los que se trabaja con las familias a lo largo de las etapas de desarrollo de los menores para promover una infancia y adolescencia rica, enriquecedora e igualitaria.

También parece mostrar resultados prometedores trabajar con hombres a nivel comunitario para que cambien su propio concepto de masculinidad y en el ámbito escolar para transformar las relaciones de género y convertirlas en interacciones igualitarias y sin violencia.

Las reformas legales y de políticas que aseguran la igualdad de género y la protección de las víctimas de la violencia sexual también son medidas importantes para promover normas de género igualitarias.

Prevención secundaria y terciaria. La mayoría de los planes de acción sobre la violencia sexual llevados a cabo hasta ahora se han concentrado en la prevención secundaria y terciaria destinada a reducir el daño físico y psicosocial que sufren las víctimas de violencia sexual. En México se realiza muy poco trabajo orientado hacia la salud pública y basado en utilizar estrategias de prevención secundaria y terciaria con los perpetradores.

Profesionales de Salud

Las personas que han sufrido agresiones sexuales a menudo solicitan asistencia médica, incluso cuando se nieguen a revelar el suceso violento. Las y los trabajadores de la salud pueden proporcionar a las víctimas de agresión sexual unos servicios de salud amplios y respetuosos para que se puedan enfrentar a las consecuencias que la agresión supone para su salud física y mental, incluyendo: la prueba de embarazo, las pruebas de detección de enfermedades de transmisión sexual y su prevención, el tratamiento de lesiones y el apoyo psicológico. Las y los trabajadores de la salud especializados deben recoger y documentar las pruebas necesarias para establecer las circunstancias de la violación, la identidad del perpetrador y las consecuencias del suceso. Estas pruebas pueden ser cruciales para el enjuiciamiento de los casos de agresión sexual.

 
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