La educación sentimental que recibimos, nos plantea una idea del amor romántico, que busca la fusión plena e incondicional con la otra persona; en donde amar es dejar de ser para ser en el otro.
Aunado a la expectativa social que se impone a las mujeres, como responsables de mantener los vínculos afectivos, este ideal de amor establece un desequilibrio en las relaciones que resulta riesgoso y muy costoso para nosotras, en términos de nuestro desarrollo personal y salud emocional. Ya que se espera que seamos nosotras las que nos adaptemos a los proyectos de vida de nuestras parejas y quienes sacrifiquemos nuestros espacios personales y profesionales a favor de la relación de pareja y del bienestar familiar. Las prácticas cotidianas en las relaciones de pareja parecen estar muy lejos de este ideal de amor que, supuestamente, lleva a la plenitud y la felicidad.
Es curioso como en nombre del amor de nuestras parejas aceptamos y justificamos algunas prácticas y actitudes que no toleraríamos en otro tipo de relaciones. Piensa en una relación, que no sea de pareja, en la que la otra persona quisiera controlar tu manera de vestir, criticara y limitara con quien te relacionas, quisiera saber en todo momento en dónde y con quién estas, que quisiera estar al tanto de TODO lo que haces, a quien tuvieras que pedir permiso para hacer ciertas cosas o ver a cierta gente, que tuvieras que dar explicaciones y justificar constantemente tus decisiones… qué pensarías y cómo te sentirías si esa persona fuera tu madre, una amiga, un amigo. Seguramente sería sofocante, probablemente te molestaría y tratarías de poner algún tipo de resistencia o evitarle, en la medida de lo posible. En el peor de los casos simplemente le padecerías.
Pero cuando estas mismas actitudes y conductas provienen de nuestras parejas, lejos de incomodarnos y no permitirlas, no sólo las aceptamos, sino que las justificamos y podemos llegar a interpretarlas como señales de amor, como interés por nosotras y nuestras cosas. ¿Por qué?
Existen muchas creencias populares y mitos que sustentan y refuerzan una visión tergiversada del amor. Dichos como “quien te ame te hará sufrir”, “el amor duele” refuerzan estos desequilibrios en las relaciones.
El amor nutre, ayuda a crecer, nos expande y revitaliza, el amor apoya y comprende, el amor da, nos hace libres. Si una relación nos limita, nos agobia, nos preocupa, nos desgasta, nos quita, nos atrapa, no tiene que ver con el amor.
Las bases de una relación se establecen al inicio y se deben establecer entre dos, de común acuerdo y atendiendo las necesidades de ambas partes, respetando las formas de ser, las ideas y el sentir de cada quien. Por eso es importante saber quienes somos y qué necesitamos, qué queremos de una relación, o al menos, que es lo que no queremos en una relación. Para poder generar acuerdos y sentar las bases de la relación la comunicación y el diálogo son indispensables; pero para que éste se de, en condiciones de igualdad, es necesario que se considere importante lo que ambas partes sienten y necesitan, no dar prioridad a una sobre otra.
Cuando hablamos de violencia el punto central es el control de la otra persona, es el ejercicio abusivo del poder, es decir, actuar sin tomar en cuenta a la otra persona, es no atender, escuchar o respetar las necesidades e ideas de la otra o el otro, es no reconocer o no validar su sentir. Estas actitudes y formas de vincularse abusivas, y por tanto violentas, se puede presentar en cualquier relación humana, incluido el noviazgo; pero la violencia no siempre se presenta de forma evidente, a veces toma formas sutiles y difíciles de identificar, sobre todo al inicio de las relaciones. Poco a poco se va agudizando hasta presentarse en formas más obvias, pero esto es una vez que ya se esta más involucrada en la relación, cuando ha pasado tiempo, se han compartido experiencias, hay sentimientos de por medio, aunado a un discurso social que habla de ceder y sacrificar en nombre del amor, lo que hace difícil interpretar con claridad lo que se esta viviendo.
Por eso es importante revisar que hay atrás de las demandas de amor, hacer una lectura entre líneas del discurso, las declaraciones y las manifestaciones de éste. Es necesario distinguir si buscan entender, explicar, apoyar, negociar, nutrir o buscan controlar, limitar, obligar, someter, restringir. En este último caso, estamos hablando de una relación con tintes de violencia, opuesta a una relación amorosa.